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Institucional

¡Hasta siempre, querido Max!

El día de Scholem Aleijem quiso ser Max Berliner

 

La visita a la escuela ya estaba programada desde el día anterior. Papá había pedido insistentemente, después de 70 días de internación, que su primera salida sea ir de visita a la escuela Sholem Aleijem, su escuela, su segundo hogar, donde fue maestro de teatro durante 50 años. 

 

A veces tratamos de hacer cuentas con mi padre sobre cuántos alumnos pasaron por el escenario de la escuela todos ellos dirigidos por el Lerer Berliner, escenario donde se interpretaron obras inolvidables y donde aquellos pequeños alumnos de guardapolvos blanco hoy ya son abuelos y bisabuelos.

 

A propósito de recuerdos y ex alumnos fue con motivo de la inauguración de sala de teatro del Shule con el nombre de  Max Berliner , cuando Roberto Goldfarb en su discurso dijo: "Es un orgullo para mí ser parte de este nuevo espacio que tendrá la escuela Sholem Aleijem, lo digo con emoción como ex alumno de Max donde fui feliz interpretando importantes personajes, pero el más importante e inolvidable fue aquel cuando me tocó hacer de árbol y durante media hora estuve quieto vestido de marrón y verde sin decir una sola palabra, pero yo me sentía un gran actor. Por eso Max se merece esta sala a su nombre por el amor y dedicación a generaciones que nunca olvidarán al igual que yo , el mágico paso por el escenario de la escuela”.

 

Esa mañana Max pidió que lo perfumaran, pidió ponerse su mejor ropa, su sombrero, y de todo eso se ocupó desde temprano Luis, su cuidador. A las 10 de la mañana me llamaron para avisarme que ya estaba preparado para su visita al Shule

 

Toque el timbre y en pocos minutos Luis lo bajó en su silla de ruedas.

 

Le di un beso y lo observé con sus ojos iluminados, feliz y elegante 

 

¿Vamos? le pregunté muy ansioso 

 

¡Vamos! dijo papá sin dudar y con un excelente humor.

 

El desafío era grande, había que llegar a la escuela en silla de ruedas.

 

El recorrido lo hicimos en dos tramos para que no se haga interminable, fue entonces y de común acuerdo que paramos a tomar un café en San Bernardo, el inconfundible gran bodegón de Villa Crespo, en la calle Corrientes, lugar que atesora infinitas mañanas de inolvidables charlas con papá y café familiar los cuatro, papá, mamá, mi hermano Arele y yo.

 

Disfrutamos un buen cortado, la gente pedía sacarse fotos con papá y los mozos felices de volver a verlo por ahí. Retomamos nuestro recorrido hacia la escuela, papá fue recordando en el camino viejos locales que hoy ya no existen más. 

 

Llegamos al Shule, entramos por la calle Padilla y cuando cruzábamos el patio hacia la dirección de la escuela sorpresivamente papá comenzó a llorar....  cuanta emoción pensé.

 

Nuestros queridos amigos Gustavo Weich y Roberto Goldfarb fueron los anfitriones, nos estaban esperando, compartimos una charla inolvidable y papá prometió estar presente para el 85 aniversario de la escuela.

 

Nos despedimos, felices y agradecimos tanto cariño recibido. 

 

Fue cuando volvimos a cruzar el patio para irnos a casa que sorpresivamente uno de los alumnos desde adentro del aula y por la ventana gritó: “Chicos, chicos miren, vino Scholem Aleijem a visitarnos“ ... y de pronto todos salieron de sus clases y el patio se convirtió en un escenario, todos los alumnos espontáneamente hicieron un gran círculo alrededor de Scholem Aleijem y por un momento todos los  personajes cobraron vida. Y Scholem Aleijem habló con los chicos y esta tarde seguramente cada uno de ellos compartió ese momento mágico con sus familias, la increíble visita de Scholem Aleijem a la escuela.

 

Sin duda que después de 85 años y por primera vez, Scholem Aleijem quiso por unos minutos ser Max Berliner y de ese modo poder vivenciar todo eso que solo podemos sentir aquellos que hemos sido alumnos de la escuela y los que tuvimos el privilegio de pasar por el escenario del Shule con el Lerer Berliner.

 

Con mucho cariño toda su familia

 

¡Hasta siempre, querido Max!
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